miércoles, 5 de diciembre de 2012

Volver a ser la sucursal del cielo


Mucho se ha dicho sobre el avance de un país con respecto a sus construcciones, tecnología y economía. Ciertamente son puntos muy importantes que se deben tomar en cuenta sobre el desarrollo de una nación, pero un detalle que por lo general se pasa por alto es el progreso intelectual y social de sus habitantes.
            En el siglo XX, durante el mandado del dictador Marcos Pérez Jiménez, se sabía que Venezuela avanzaba a pasos agigantados hacia el desarrollo, hacia lo mal llamado “primer mundo”. Este progreso venía dado por una fórmula que combinaba sociedad, construcciones, economía, industria y producción. Los más resaltantes, para la época, fueron la sociedad y construcción. El santo y seña del General durante su mandato fue el Nuevo Ideal Nacional, que cobija la doctrina del Bien Comín, que proponía el mejoramiento de las costumbres venezolanas mediante la apertura de las fronteras y oportunidades para aquellos europeos en busca de asilo por la segunda guerra mundial.
            No es un secreto que las mayores obras civiles en Venezuela fueron construidas durante ese período llamado oscuro por unos y el mejor de todos por otros. Entre las más resaltantes está la autopista Caracas-La Guaira, los bloques del 23 de Enero, originalmente llamada 2 de diciembre, el Hospital Militar de Caracas y la Ciudad Universitaria de Caracas, Patrimonio Cultural de la  Humanidad desde el año 2000.
            En la década de los ochentas y noventas Venezuela pasó por uno de sus peores momentos económicos y sociales, el viernes negro, la caída de los precios de la moneda, la fuga de capital y la explosión de la burbuja crediticia arrastrada desde las épocas de la llamada “Venezuela Saudí”, durante la cual Carlos Andrés Pérez era Presidente.
            Durante esos años se vivieron situaciones de violencia, saqueos, golpes de estado, destituciones presidenciales, etc. Poco a poco las costumbres de aquella sucursal del cielo se han ido esfumando para dar paso a la violencia, intolerancia, rencor y odio acumulado de décadas pasadas. Antonio Pasquali (1998) explica que en Venezuela ocurre:
Desde nuestro punto de vista moral, no excluyente, en los siguientes términos: enfermedad de convivencia, excesiva instrumentalización del prójimo, extraordinaria desagregación personalista del ciudadano, facilitadora de manipulación y explotación de la sociedad civil. Todo esto, artificiosamente impuesto a una sociedad de raigambre latina, espontáneamente socializante y solidaria, por obra de diferentes agentes: gobiernos, fuerzas políticas, corporaciones, vendedores, confesiones, modas importadas..., y conversión instrumental de dicho prójimo en medio para la obtención de fines particulares o seudosociales.
            Es fácil de evidenciar dicha descripción en las calles, por lo menos caraqueñas, donde las construcciones, buenas o malas, acordes o no, pagan de una u otra forma las consecuencia de las acciones que como sociedad tenemos. Es necesario recordar los momentos de invasión de la Ciudad Universitaria de Caracas durante el primer gobierno de Rafael Caldera, donde se ametrallaron las instalaciones que eran trinchera de estudiantes simpatizantes de la guerrilla. Lo mismo ocurrió con el 23 de Enero. No hay que dejar de lado el vandalismo, la desidia por parte de las autoridades y la corrupción.
            Hay algo que se tiene en común entre los venezolanos y es la propia decadencia como sociedad, dejando a un lado los valores, pero prevaleciendo la queja hacia los demás por ello. Dice Pasquali, A (1998) “si todo el mundo concuerda en la necesidad de formar un nuevo venezolano (lo que implica reformar al de hoy), es porque algún importante mecanismo del equilibrio social ha cesado de funcionar correctamente.”
            Para reformar al venezolano, o alejarlo de las malas costumbres existentes Antonio Pasquali propone:
Un maxi proceso de reeducacion de toda una sociedad, del factor perseverancia, rara virtud entre nosotros... requieres sin duda decisiones supraideológicas y suprapartidistas internalizadas por todo el país y autosostenidas, que puedan seguir impertérritas su rumbo de un equipo de gobierno a otro.
            Si se realiza un proceso de reeducación donde todas las corrientes del pensamiento tengan cabida, sin importar la ideología partidista y los protagonismos políticos, se podría llegar a lo que Andres Oppenheimer cita en su libro Cuentos Chinos como “el milagro irlandés”, donde relata la transformación de un país pobre a uno socioeconómicamente rico en solo doce años, esto debido al acuerdo social que se produjo luego de caer en cuenta de su situación.
            En Venezuela aún no se ha caído en cuenta de la situación real que se encuentra, se tiene una idea vaga, dada por referencias traídas del extranjero, mas no por la propia deducción criolla. Esa picardía denominada así por Alex Capriles en La picardía del venezolano y el triunfo de tío conejo debe ser dejada a un lado, olvidada y desterrada de nuestro inconsciente freudiano.
            De nada sirve tener monumentos en nuestras ciudades, patrimonios mundiales, edificios de referencia histórica, si no se tiene en el consciente social el valor inmaterial de lo que se pisa, se usa y se ve, jamás se tendrá un verdadero conocimiento de lo que somos. Mientras tanto, todas estas estructuras monumentales de hace más de 50 años dan cuenta de lo que una vez fue Venezuela, o mejor dicho, de lo que una vez fue el venezolano, que logró por un tiempo tener a la sucursal del cielo y a la odalisca tendida bajo los pies del sultán enamorado de Gallegos como capital, la misma que vio nacer a héroes y despedir a tiranos.
            Bien expuesto está en el experimento llevado a cabo en 1981 sobre adicción en ratas por Bruce Alexander, donde demuestra que tener un ambiente apropiado, incluyendo su contexto social, hace que la conducta de los seres vivos con sistema nervioso se modifique favorablemente, alejando la posibilidad de caer en adicciones o agresividad y depresión. Es esta una de las consecuencias que tenemos por lo que se es, Caracas es agresiva, depresiva, mal educada, pero si se logra combinar el cambio social antes mencionado con la reestructuración humana del urbanismo de la ciudad se logrará aquel ideal caraqueño que todos quieren. Volver a ser la sucursal del cielo.

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